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viernes, 4 de febrero de 2011

Revolución democrática en Egipto







Justo esperabamos en el hall del hotel cuando nos llegaron las primeras noticias: un hombre se inmolaba en el centro de El Cairo y la gente se estaba echando a la calle. Tan sólo unas pocas horas antes estábamos en el centro de Gran Cairo (la mayor metrópolis de África, de casi 20 millones de habitantes), disfrutando de sus maravillas y de la amabilidad de los cariotas. Tan sólo unas pocas horas antes habíamos estado pasando el día callejeando por la ciudad, visitando rincones llenos de hermosura y lugares no tan hermosos, pero con una tranquilidad enorme puesto que no nos sentíamos, en ningún momento, con miedo.

Al salir del hotel en dirección al Aeropuerto Internacional de El Cairo el ambiente era extraño, pero nunca pudimos imaginar que al día siguiente Egipto viviría momentos que iban a hacer historia: la revolución del pueblo.

Como siempre en este aeropuerto, el caos era el señor reinante y nos sumergimos en la locura de entrar, facturar y embarcar... algo titánico.

Llegamos a Barcelona todavía impactados por nuestro alucinante viaje por uno de los países más impresionantes en los que estado, Egipto. Un viaje a través de miles de años de antigua y faraónica historia, un viaje por el Alto Egipto, por el bajo Egipto, por Nubia, por el Nilo, por el desierto..., un viaje lleno de pirámides, de risas, de templos, de estatuas, de misterio, de sonrisas, de exotismo, de sensualidad, de luces, de color, de sonidos, de olores proscritos, de camellos, de miradas de niños, de ibis y cocodrilos, de caos y espejismos..., un viaje lleno de historias, de amigos, de nuevos conocidos, de extremos indefinidos, del museo más maravilloso que jamás he visto..., un gran viaje por Egipto.

Era la segunda vez que me dejaba seducir por este orgulloso y esplendoroso país y, estando casi en la frontera con Sudán, prometimos volver para recorrer los lugares que nos estabamos dejando por falta de tiempo.

Por sorpresa y por ser un regalo de cumpleaños, nos quedamos dos días más en un hotel en Barcelona para no perder la magia con la que estabamos cargados y repasar cada día que habíamos vivido allí.

Poco tiempo después era oficial: la revolución había contagiado al pueblo egipcio y se habían tirado a la calle (de forma literal) para protestar por el despotismo de su dictador e intentar echarlo del gobierno como, días antes, había ocurrido en Túnez.

La céntrica plaza de Tahrir (de la Liberación) en pleno centro de Cairo, estaba tomada por el pueblo que pedía una democracia... y lo más sorprendente, una democracia alejada de la religión.

Desde entonces no dejo de seguir cada noticia que se emite o publica sobre Egipto porque me siento muy cercano a ellos y me siento muy orgulloso de que sean tan y tan valientes y pidan gritos que el dictador se vaya de una vez. Me siento muy orgulloso porque durante nuestro viaje pudimos hablar sobre este tema con alguien del país en voz baja y casi en susurros, con alguien de nivel cultural alto que veñia como su país se empobrecía cada vez más y que creía que todo se estaba desmoronandoy que opinaba que no se podía ni seguir así, ni vivir así, ni estar así.

Me siento orgulloso porque veo que nunca es tarde y, a pesar de haber estado tantos años aletargados, ahora han salido jóvenes y mayores, mujeres, hombres y niños, personas de alto nivel cultural y personas sencillas a la calle para pedir la dimisión de Mubarak e iniciar un estado democrático de una vez ya.

Pero lo que empezó siendo algo pacífico está siendo una cruenta confrontación, una sucia guerrilla comandada por un gobierno corrompido que no quiere dejar el poder y su bienestar de ninguna d elas manera. Y mientras tanto los epcios y egipcias reclaman lo suyo, su libertad, enfrentándose a tanques, policías y ejército, a matones amparados por el sucio gobierno, a lo que les venga encima...

Y mientras tanto, las malas personas, personas sin nombre ni dignidad se aprovechan para saquear los comercios, las casa e incluso la propia identidad del país: el Museo Egipcio de El Cairo, robando importantes piezas y destrozando otras (de forma gratuita) sin pensar que se están haciendo daño a si mismos ya que es la historia del propio pueblo.

Hoy viernes era un día importante en esta revolución, un día d egrandes manifestaciones en Cairo y en otras importantes ciudades del país... ¿mañana Mubarak dimitirá de una vez?

El gobierno intenta callar a los periodistas internacionales, deteniendo a lo envíados especiales (6 periodistas de TV3, 2 de Telecinco, las enviadas de Abc, de Cope y Punto Radio, 2 de Washington Post y 1 de The New York Times), o el ataque recibido a la enviada especial de TVE en la ciudad. Ya se están saltando las normas internacionales de libertad de prensa, violando los derechos para poder enseñar al mundo lo que allí está ocurriendo... el mundo está viendo la mierda que gobernaba Egipto y que todos habíamos permitido y eso, a Mubarak y a los suyos no les interesa.

Que este señor dimita y se largue de una vez, que cesen las muertes y los asaltos... y que la democracia se instale en Egipto de una vez para siempre.

"Alas de Ángel" con Egipto.


4 comentarios:

Runner dijo...

Mucha suerte para Egipto y sus ciudadanos y ciudadanas. Estaremos atentos a las informaciones diarias.

genestel dijo...

No sé acabará la cosa, la verdad es que el dictador no s eva....

Sergius dijo...

Suerte y fuerza en esta revolucion, las causas justas en defensa del pueblo y de la libertad del mismo siempre deberan ser defendidas y apoyadas.
Sin duda alguna tienen todos mis respetos.

genestel dijo...

¡Bienvenido Sergius!

Lo cierto es que estoy contigo, y mucho, y parece que el "rais" no quiere dejar su poder en Egipto, es como si este sujeto creyera que el pueblo egipcio le pertenece.

Creo que este señor, Mubarak, ha perdido el jucicio y que se piensa que es un faraón o algo así, porque no s eentiende a estas alturas. Podría haber tenido una salida digna del país, pero ni eso. Incluso Alemania le dejaba exiliarse allí (algo que yo no comparto porque un dictador es un dictador y tiene que atenerse a las consecuencias), pero al tipo no le sale de las narices. Al final, este señor, acabará mal.

Ojalá, los egipcios, consigan un país libre, democrático y sin un gobierno religioso. Ojalá. Lo merecen.