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martes, 7 de febrero de 2012

Mal día





(Para T., que se ha marchado hoy. Para C., que se fue hace no demasiados días. Descansad tranquilos.)

Ni que decir tiene que la tristeza te sume en una profunda pena. Cuando quien más quieres cae inmersa en ella, un nudo en el corazón nace y otro en el alma se hace. Pero los días pasan y el tiempo parece que lo mitiga, parece que suaviza todo, de una forma lenta pero eficaz, aunque siempre queda esa duricia, ese resquemor que en silencio te recuerda lo mucho que recuerdas a quienes ya para siempre se han ido.

Hoy nos han despertado a primera hora de la mañana, todavía no había aclarecido pero, con el primer timbre del teléfono, sabíamos ya lo que había sucedido: ella había partido.
Quizá el abrazo de despedida que le he dado a mi hombre, a mi niño, a mi amado, a mi amante, a mi compañero... lo ha dicho todo, quizá él lo ha entendido porque iba cargado de amor, de ánimo, de fuerza, de felicidad, de esperanza, de fortaleza, de valentía y de un cariño enorme para afrontar a un duro y largo día. Pero habrá más abrazos para todos los días, los que falta hagan...
Quizá cuando me ha llamado unas horas después para explicarme todo lo ocurrido, su débil vocecita me ha partido en dos y una punzada me ha atravesado el interior, de izquierda a derecha, de arriba a bajo, por no poder estar a su lado, callado, silencioso, apoyando.

Los mensajes de texto, los e-mails y las llamadas de telefóno han sido muchos y me ha mantenido ocupado el resto del día a pesar de que mi pensamiento y mis sentimientos estaban con él en todo momento.

Después, al atardecer, una conversación de dos horas por messenger con mi gran amigo, ha sido el punto más álgido de la pena, cuando ambos nos dejábamos llevar por esa tristeza y las lágrimas acudían con destreza cual furtivas cazadoras acechantes pero necesarias y hasta casi diría que divinas. Porque la marcha de hoy nos ha conducido, por caminos estrechos, hasta un lugar para recordar a alguien que también nos dejó hace poco, de sorpresa, y aún no hemos asimilado esa gran pérdida. Porque el corazón no entiende de razones, porque los sentimientos son ríos tumultuosos que nacen de nuestro interior a borbotones, desbocados y sin controles.

Y de nuevo, por segunda vez en un mismo día, me he partido en dos y una punzada me ha atravesado el interior, de derecha a izquierda, de abajo a arriba, por no poder estar a su lado y ver como esas lágrimas caían, como esos ojitos enrojecían, cómo le faltaba el aire y necesitaba mi abrazo, mi consuelo, mis caricias.

Y siento, siento como se me llenan los ojos de agua, como se me resbalan las putas lágrimas porque me siento con las manos atadas por no poder estar con mi amado, por no poder estar con mi amigo del alma, por quedarme en la retaguardia y no poder hacer nada.


Pero sabéis que aquí estoy. Ahora. Siempre.

Os quiero tanto... lo siento tanto...




8 comentarios:

Runner dijo...

Os acompaño también en estos duros momentos. Un beso y un abrazo de sincera amistad.

genestel dijo...

Muchas gracias Runner.

Un beso fuerte.

veteli y genestel

Eline dijo...

Lo mismo digo Genestel. Siento que tengas que pasar por momentos tan tristes.
¡¡Un abrazo fuerte lleno de ánimos!!

genestel dijo...

Gracias Eline!!

:)

Reyes dijo...

Hoy te leo y te mando mi abrazo.

genestel dijo...

¡Y me lo queto todo entero para mi!

Muchas gracias.

;)

Roddo dijo...

Cuando leí por primera vez este post, me quedé en blanco y no encontré letras en el teclado que presionar...

Toda pérdida de un ser querido es dura y difícil de llevar. Quizás los deberes del día a día nos obligan a seguir en marcha y a guardarnos la pena, pero en algún momento, esa pena tiene que pasar y el dolor se reemplaza por buenos recuerdos y llega la tranquilidad.

Espero, sinceramente, que todo marche mejor, para todos aquellos que han perdido a alguien querido en este último tiempo.

Abrazos, Gene!

genestel dijo...

Esperemos eso querido Roddo, esperemos.

;)