
¿No os pasa que siempre tenéis algún recuerdo especial guardado dentro del alma...? Porque a mi sí que me pasa y me encanta cerrar los ojos y revivir aquel momento, aquellos instantes tan especiales que, por una causa u otra, dejaron una profunda huella en mi vida.
Cuando me tumbo en la arena de una playa, en el césped de algún jardín, en mi cama para dormir una buena siesta (de esas bien merecidas), muchas veces me vienen imágenes dispares y sueltas de momentos que me hacen sentir que la felicidad existe, que hay personas por lo que lo darías todo y que, recordando ese tiempo ya pasado, te reafirmas en lo mucho que los quieres y lo cerca que están de ti, aunque haya mil mares por medio y altas montañas para acabarlo de rematar.
Y hoy, esta tarde, cuando me disponía a dormir un rato después de trabajar y de disfrutar de una buena paella, me ha venido a la mente (de forma totalmente involuntaria), aquella fría noche de mi primer invierno austral, aquella noche que jamás voy a olvidar porque la calidez de mis amigos fue tan grande que no importaba la temperatura exterior..., tan sólo importaba la temperatura de nuestras risas y guiños, de nuestra cena y de nuestro momento..., porque fue nuestro momento.
Nuestro momento.
Y ha quedado grabado para siempre en nuestras retinas, en nuestros cerebros, en nuestros corazones..., en nuestras vidas. Porque momentos así jamás se podrán borrar.
Jamás.
Va por todos y todas vosotros y vosotras.





