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viernes, 27 de mayo de 2011

Jornada




Inmerso en el fin de semana, el poder del trabajo me enreda por completo y poco más existe en el mundo. Hoy, el primer día de curro de la semana, mis horarios raros y extraños con jornadas largas e intensas que nadie es capaz de memorizar en su cabeza...

Silencio al entrar, compañeras sigilosas y con cara de sueño junto a los periódicos y los cafés, mientras el turno de noche se despereza y habla demasiado para ser tan sólo el amanecer. Mi café. Caliente. Solo. Duro como la jornada que me espera. Me encuentro perezoso al pensar lo que se me viene encima, pero es en ese momento puesto que luego no tengo tiempo de pensar..., la concentración me puede y la habilidad, la prisa y la destreza son mis únicas guías.

Salimos del ascensor con risas que amortiguan los pasillos oscuros y callados, y cada uno entramos en las habitaciones pertinentes... La que me toca hoy está llena de quietud y tranquilidad, una quietud insólita, una quietud no normal...

Despierto con suavidad y cariño a J., y me recibe con una amplia sonrisa. Hoy me ha reconocido por lo que la ducha y "vestirnos" será tarea fácil. Se queja de que el agua está demasiado fría, ahora de que está demasiado caliente..., no quiere que le moje la cara, pero aún así lo hago aún a riesgo de recibir un manotazo, pero hay que hacerlo. El secado ya es más complicado, quiere ir deprisa pero su piel, fina como el papel de arroz, no nos deja correr más. Me dá un beso suave de agradecimiento y me emociona, aunque no lo demuestro, tan sólo le sonrío de forma abierta y ante sus ojos.

El vestido que "hemos" elegido es vistoso, bonito y primaveral. Quizá le ponga una chaquetilla porque J. siempre tiene frío. El collar de perlas que no falte. Le peino un cabello rebelde y ya cansado, algo de colonia y rumbo al comedor para que el desayuno le llene de alegría, ¡disfruta tanto de la comida!

Ascensor. Mismo piso, diferente habitación. Levantar a M. supone una tarea complicada debido a su peso y tamaño. No puede caminar (sus piernas un día se cansaron sin más) y la llevo de la cama a la silla de la ducha, luego a la ducha y todo va como la seda porque cantamos antiguas canciones. Hoy tengo que enjabonarla més para quitarle ese olor a noche. De nuevo en la cama, "nos vestimos" bastante bien y vuela hacia la enorme y segura silla de ruedas. También quiere su collar y su muñeca. Por suerte, una compañera se la lleva al comedor, lo que me permite levantar unos minutos antes P., que me recibe con muchos insultos y de mal humor. Aún así le hablo despacio y tranquilo, pero hasta que no he terminado y ya está en la silla de ruedas frente al ascensor no deja de buscar la manera de hacerme enfadar. Y se enfada más porque no lo consigue. Entonces se vuelve arefugiar en su mundo...

Ascensor, otra planta, miro el reloj: llevo un ligero retraso pero voy bien. Acelero el ritmo y levanto a D., luego a S., después a F, a H., a M., a R, aC.,... y pierdo la cuenta. Creo que ya están todos, pero me doy cuenta que V. aún duerme de forma plácida. Me apena despertarla. En un segundo está duchada, vestida y de camino a desayunar. Se ríe por ello. Dice que le recuerda a los tiempos de cuando era joven y viajaba sin parar, siempre pegada al reloj en el aeropuerto..., ya tiempos lejanos.

Junto a una compañera dejamos limpio y con sábanas frescas a T. que nos da las gracias desde algún lugar al que nosotros no podemos llegar, nos da las gracias con una caricia en nuestros rostros.

Voy tarde, ahora tengo que arreglar toda la planta y dejarla lista para que las compis de limpieza puedan trabajar. Vorágine de cambios de sábanas, de orden de camas, de ventanas abiertas...

Una voz me dice que nos vamos a desayunar, "¡¿ya...?!" me pregunto en voz alta sabiendo que el tiempo no me ha dado tregua. Mi compañera me echa un cable (la experiencia de los años) y bajamos satisfechos a pillar el desayuno para salir a la plaza y respirar bajo los rayos del sol un rato.

Charlamos. De esto y de aquello. "Este finde tengo libre", me recuerda, "yo no, este es de duro trabajo" le contesto yo. Sonríe. Me sonríe. La verdad es que es una gran compañera y una gran persona.

Entramos, y cada uno a lo suyo. Hoy tengo que duchar a J. porque nadie puede con él. Es del centro de día y necesita una voz firme, y dicen que puede que a mi me haga caso..., no sé yo, apenas le conozco. Le hablo tranquilo y me hace caso. Vamos por buen camino. Le hablo y le voy indicando qué debe hacer. Me hace caso. Bromeamos. En apenas diez minutos ya está listo. Todos se sorprenden. Me dá la sensación de que cada viernes me tocará hacer esto, pero el tiempo me apreta porque he quitado un valioso rato a mis tareas oficiales. Esta vez voy rápido, pero sin que se note, y hago caminar a S. y a AR. Esta última se queja y protesta y grita. Hace tiempo que se dejó vencer y ya no quiere demoatrar nada, le dá lo mismo andar sola o ir en silla. Su avanzada edad le dignifica y yo no soy nadie para llevarle la contraria, pero mis manos son firmes y mi actitud seria pero serena. Acaba accediendo. Llevo al lavabo a los que me lo piden (y a los que no), la lista se hace larga y lenta..., pero cumplo con todos.

Ya es hora de volver al comedor con todas las personas del primer turno, los que necesitan ayuda para comer. Los llevamos e iniciamos la difícil tarea de comer. Con paciencia y buen humor conseguimos que todos acaben. Se queda el comedor libre. Ordenamos, limpiamos y preparamos las mesas para el segundo turno que ya nos apremia porque tienen hambre. Entran. Nuestras compañeras también. Nosotros (mi compañera de desayuno y yo) salimos.

Hacemos una última ronda sabiendo a quien tenemos que llevar al lavabo y así lo hacemos. Vamos a la sala, rellenamos informes varios, reímos, y ya en el vestuario nos relajamos. Las dos de la tarde, hemos acabado justo a la hora. Tenemos ganas de salir a la calle. Nos despedimos y veteli me viene a buscar con el coche. Ha estado haciendo la compra. Me siento, nos besamos y me pregunta qué tal la mañana. Cansada le digo. Me siento un tanto agotado. Y voy preparando mi mente porque al día siguiente (y al otro) la jornada será el doble de larga y entraré cuando salga el sol para salir cuando se ponga. Y las tareas serán más complicadas porque ese turno es más duro y pesado. Pero no pasa nada, yo lo hago. El lunes ya descansaré. Es lo que tiene resumir la semana en tres días.

Pero me gusta tanto mi trabajo...

Y el coche vuela hacía casa. Comemos. El sueño me vence y le digo a veteli que hoy quiero hacer la siesta. Lo malo es que me ha dejado dormir más de la cuenta...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola , guapo.
Resulta que no puedo comentar con mi cuenta , ya me ha borrado 2 comentarios que te habia hecho, así que lo haré anónimo.
Te decía que tiene mucho mérito trabajar para esta gente y que descanses lo que puedas.
También te decía que si yo hiciera ese trabajo me echarían enseguida porque no soy valiente.
Tú lo eres, enhorabuena.

(Reyes)

Runner dijo...

Pues yo tampoco soy valiente. Lo siento pero no tengo tanta paciencia como tú, Gene. Enhorabuena por ello y por la labor que haces. ¡Muak!

Jon dijo...

Es brillante tanto tu trabajo, como tu humanidad, como tu habilidad para explicar la cotidaniedad de manera dulce y adictiva al texto.
Feliz fin de semana de trabajo, alado mio.

Anónimo dijo...

Que suerte tiene aquellos a los que te dedicas, y te lo demuestran a su manera: un beso, una caricia, una sonrisa...es su forma de darte las GRACIAS!
Me siento tan orgullosa de ti...

Tu principesa

genestel dijo...

Reyes, no sé si seré valiente o no, tan sólo sé lo mucho que me gusta hacer lo que hago y que disfruto con ello, disfruto tanto...! Y hoy ya estoy descansando...

Runner, sólo quiero decirte que cada uno d enosotros tiene algo especial y que lo sabe aplicar en su ámbito, en su quehacer diario. Unos valemos para hacer unas cosas, otros valemos para hacer otras, y ninguno tiene más o menos mérito: todos hacemos cosas especiales. Y mi paciencia cada vez es más grande y más férrea..., apenas lo puedo creer...

Jon, yo no sé si es brillante o si brilla demasiado y me ciega..., tan sólo sé que me dejo llevar y sé que hay algo dentro d emi que me permite hacer cosas que muchas veces me sorprenden... El finde ha sido de los más bestias que he tenido...

Principesa mía, no lo sé, de verdad que no lo sé..., pero sólo sé qué me emociono muchas veces por recibir un beso, una caricia o una sonrisa...
Me abruma eso que has dicho...!Uf, uf, uf!

Un besito lleno de caricias para cada un@ de vosotr@s!!